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En el 2002, se presagiaba el deceso de Don Florencio Infanzón Aronés. Un personaje que paseaba su intachable personalidad en las mas distintas esferas de nuestra vida social con dinamismo y siempre por los motivos más nobles y justos, este señor al que el título de Don (lo empleamos antes sólo para referirnos al ex Presidente Fernando Belaunde Terry) le quedaba muy corto en este nuestro medio tan egoísta y envidioso.

A este Gran y Benemérito Guardia Civil Don Florencio Infanzón Aronés que en toda su vida profesional como policía había prestigiado el uniforme y logrado en base a honestidad y cumplimiento del deber, las más altas calificaciones y condecoraciones, se le veía disminuido, casi abatido ese año.

La irreparable ausencia de mamá Rosa Gálvez, su tierna y devota esposa lo envolvía en una honda y silenciosa tristeza y por eso justamente más dañina y perjudicial para la salud. Nada pudieron lograr los esfuerzos y atenciones de Lucho, Lolo, Bertha, Javier, Ángel, Juanita, sus hijos, para evitar que el sufrimiento minara por dentro la salud de ese gran molle que el deporte había fortalecido su cuerpo y espíritu hasta mantenerlo joven a sus casi 90 años de edad.

Don Florencio Infanzón Aronés dejó de existir hace 10 años y partió en viaje sin retorno a reunirse con quien, seguramente, lo esperaba para seguir cultivando el cariño que les unía y que ambos proyectaban a sus familiares y amigos.

Sus exequias se realizaron en una fecha como ayer, luego que a las 11 a.m. de aquel domingo 08 de setiembre del 2,002 se le oficiara en la Iglesia de San Agustín una misa de cuerpo presente por su eterno descanso y luego que recibiera un sentido homenaje en el Salón Consistorial de la Municipalidad Provincial de Huamanga.

En ‘‘La Voz’’ de Huamanga, Diario y Radio, que lo apoyaron incondicionalmente en sus apuros de dirigente deportivo y Presidente del Club de sus amores ‘‘Dos de Mayo’’, sentimos mucho su lamentable partida y expresamos nuestro más sincero pésame a sus deudos, manifestándoles además que, ésta y las generaciones que vienen mantendrán vivo su recuerdo por muchos años, o acaso por siempre; porque las huellas que dejaban los grandes hombres no las borrarán fácilmente ni la muerte, ni la ingratitud, ni el olvido. Y fue precisamente un miembro de ‘‘La Voz’’ que no olvidó la partida de Don Florencio a la Patria Celestial y que por ende motivó que este cronista preparase esta columna editorial, con la venia de nuestros lectores, por el hecho de ser sobrino del ilustre finado.

¡Hasta Siempre Don Florencio, siga descansando Ud. en la Paz de Jesús Nazareno!

Paqarinkama, hasta mañana lunes

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