Publicidad

Pubicidad

Un deber moral y una ineludible deuda de gratitud motivan este artículo dedicado al entrañable amigo Julio Aréstegui Quispe, primogénito de doña Lidia Quispe Crisóstomo y don Elías Aréstegui Arana.Julio dejó de existir el martes 13 a la edad de 52 años, dejando viuda a la querida amiga Orfelinda Mendoza Quispe y en orfandad a Kely de 18 años, Christian de 15 y a Ivonie (Évony) de sólo 6 añitos de edad, que se convierten ahora en sobrinos-hijos de la hermana y hermanos del extinto: Yolanda, Javier, Pablo y “Lucho”. Deja también una honda pena a su “madre coraje”, a “mamá Lidia”, quien quedó viuda cuando apenas tenía 32 años de edad, convirtiéndose desde el 18 de enero de 1968 en padre y madre para sus cinco infantes hijos: Julio, de 9 añitos; Yolanda, de 7; Javier, de 5; Pablo, de 3 y; “Lucho”, de apenas 1 añito y 2 meses.

El fuerte golpe a la familia Aréstegui Quispe, convirtió también a Julio en padre de sus hermanos pese a su corta edad, pues comenzó a trabajar al lado de mamá Lidia de paso que controlaba “al milímetro” a sus tres traviesos hermanos conjuntamente con Yolanda que se había convertido en la segunda mamá de la familia. Mamá Lidia, “madre coraje”, prefirió quedar viuda antes que ponerles padrastro a sus hijos. Y fue así que sola, nutriéndose de los recuerdos de su amado Elías Aréstegui Arana trabajó “duro y parejo” casi sin descanso para criar y educar a sus hijos hasta ver ingresar a todos a la universidad.

Julio: como solemos decir, tu partida no es más que un simple “hasta luego”, sólo “nos llevas la delantera”. Tu partida deja corazones enlutados, mientras pasas tú a mejor vida, ¿por qué?, porque estás contemplando los rostros resplandecientes de Dios y Jesucristo su amado Hijo; como también estás contemplando el rostro de tu señor padre Elías Aréstegui Arana quien ya te estrechó fuertemente entre sus brazos al momento de darte la bienvenida. Y porque también ya te encontraste con tus abuelitos: Nieves Aréstegui y Justo Quispe Mendoza, así como con tus abuelitas: Asunta Arana y Juana Crisóstomo Luque, quien ya perdonó las bromas que solías hacerle en tus años de infancia. Pasaste a mejor vida, porque también te encontraste con tu vecina prima Teófila Medina Godoy y otros parientes y amigos que se te adelantaron en ese viaje sin retorno entre los que figura tu vecino el Prof. Américo Blanco Reyes a quien pusiste la “chapa” de “El Mago” porque los encontraba a ti y tus compañeros de promoción Lucho y Ricardo Le
desma en el “taco” o lugar menos esperado a donde acudían a “hacerse la vaca”.

Jesucristo dijo: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí aunque esté muerto vivirá y todo el que cree en mí y está vivo no morirá para siempre”. Esto significa Julio que tú sigues vivo, pero en el Paraíso Celestial que nos narra la Biblia; estás ahí porque fuiste bueno con los tuyos y con tus amigos. Qué dicha la tuya Julio, mientras nosotros “desterrados hijos de Eva”, reunidos en este campo santo, frente a tu última morada terrenal para tributarte el último adiós, nos quedamos “en este valle de lágrimas”, “suspirando, gimiendo y llorando” como cuando rezamos el Salve María.

Julio Aréstegui Quispe: No te fuiste derrotado de este mundo, no Julio. Tu éxito mayor está en tu primogénita Kely, a quien siguiendo el ejemplo de mamá Lidia la hiciste ingresar a la universidad, a nuestra gloriosa y tricentenaria UNSCH, la viste estudiar arqueología hasta la serie 200. Ese es el mayor éxito Julio que lograste conjuntamente con tu compañera de vida Orfelinda Mendoza Quispe, otra “madre coraje”, otra “madre chamba”, a quien conquistaste en Huanca Sancos con tiernas, dulces y pícaras palabras pronunciadas en español y en runa simi como era tu estilo Julio. Ese logro de Kely, mi estimado y siempre recordado Julio, se convirtió en un reto para Christian quien llegó esta madrugada desde una lejana mina ubicada en las punas de Puquio para tributarte el último adiós. Ten la plena seguridad Julio que Évony viendo profesionales a su hermana y hermano también asumirá el reto de ser una profesional.

Tu muerte Julio, nos deja lecciones y tareas.

Dentro de las lecciones, tal vez la principal: de no haber sido, como amigos, constantes y perseverantes para aconsejarte que dejes de lado “el néctar de la vida”. Te aconsejamos poquísimas veces y te abandonamos a tu suerte, ese es el cargo de conciencia que llevaremos siempre Julio. No tomamos en cuenta lo que dijo la Madre Teresa de Calcuta, quien falleció hace 14 años, el 5 de setiembre; ella dijo: “Pasaré una sola vez por este camino; de modo que cualquier bien que pueda hacer o cualquier cortesía que pueda tener para con cualquier ser humano, que sea ahora. No lo dejaré para mañana, ni la olvidaré, porque nunca más volveré a pasar por aquí.”

Queremos aprovechar este punto para parafraseando a nuestro dilecto amigo, Prof. Antonio Sulca Effio” (“ASE”) decir que vimos una vez a Julio en medio del “néctar de la vida” muy cerca a sus amigos, cerca, pero qué lejos de ellos. En algún momento se separó unos metros más allá, más hacia sí mismo y al amparo del ambiente que los cobijaba, cabalgó en sus recuerdos no sabemos decir por qué caminos. Sólo le acompañaba alguien que para él era su vida y su muerte. Anduvieron juntos por todos los caminos, en las buenas y en las malas y él con esa serenidad y desprendimiento que dan los objetivos logrados ya le había dicho sinceramente que sólo se separarían cuando la parca le toque las puertas a su gran corazón de hijo, padre y amigo. Ese inseparable amigo suyo que no es el nuestro era el “trago”, “el néctar de la vida”. Y allí estaba Julio conversando con uno entre sus dedos. Se entendían porque se conocían de años. No se tenían secretos. Todo estaba claro entre ellos.

Respetuosos de su silencio y su soledad los dejamos cabalgando y cabalgando a la luz de la tarde que agonizaba y de la noche que se negaba a llegar.

Hoy que escribimos esta nota pareciera que perfuma aún el ambiente el bouquet, el aroma de esos “cortos” que él solía tener como compañeros.

Julio Aréstegui Quispe, con tu serena tristeza imaginamos que ya no estás peleando como nosotros, con preocupaciones, ansiedades, frustraciones, sueños, esperanzas…, porque tú ya descansas en la Mansión de Jesús Nazareno, Patrón de Huamanga, que es también la Mansión de la Virgen del Carmen, Patrona de Huamanga y del Folklore Ayacuchano; Mansión a la que queremos llegar todos si hemos obrado como Católicos y como buenos Cristianos.

Entre las tareas que nos deja tu muerte Julio, figura el velar directa e indirectamente por el bienestar de tu viuda Orfelinda Mendoza Quispe, de Kely de 18 años, Christian de 15 y Évony de sólo 6 añitos de edad, que como ya señalamos se convierten ahora en sobrinos-hijos de tu hermana y hermanos: Yolanda, Javier, Pablo y “Lucho” y, por su puesto se convierten en dos hijas y un hijo más de “mamá coraje”, es decir de mamá Lidia Quispe Crisóstomo pese a sus 76 años de anciana edad.

Quisimos hoy narrar una serie de anécdotas tuyas, entre travesuras, watuchis, bromas de las buenas y de las otras, así como ocurrencias, pero las dejamos para publicarlas tal vez en el quinto día de tu deceso o en todo caso, sin falta, el jueves 13 de octubre, fecha en que recordaremos el primer mes de tu partida a ese Paraíso Celestial y en la que haremos mención a tus “patas” Ricardo (“Richard”) y “Lucho” Ledesma Estrada, también a tus “patas” Tito Ventura Almanza y Julio Sulca Ayme, compañeros de la Promoción 1976 del Colegio Salesiano San Juan Bosco; a tus “yuntas” “Leo” y Fernando Delqui que llegó hoy procedente de Lima; a tu primo Justiniano Quispe Platas; a tu sobrino Wilver Quispe Medida; a otr@s amig@s y parientes, y por supuesto a tu otra “yunta” Víctor Quispe “Papacón”, con quien y conjuntamente con Walter Ledesma Estrada, “Leo”, Yolanda, Javier, Pablo, “Lucho”, Kely, Pablo Aroni, Orfelinda y otros amigos nos quedamos en tu velatorio hasta las 3 de la madrugada de hoy recordándote con tristeza y co
n alegría a la vez, al conocer la sorpresa que te llegaste a convertir en amigo de nada más y nada menos que del “wallpa suwa general” Edwin Donayre Gotzch, máxima autoridad militar de Ayacucho y luego Comandante General del Ejército del Perú durante el 2007 y 2008. Sólo tú pudiste lograr Julio esa amistad en base tu innata jocosidad en quechua y castellano y también en base a tus dones especiales de mimo y atentoso imitador.

Ya casi para finalizar, debemos agregar que ese deber moral y esa ineludible deuda de gratitud que motivan este artículo dedicado al entrañable amigo Julio Aréstegui Quispe, es el significativo hecho que su familia dio posada al peregrino, al peregrino que era yo. Cuando llegué viudo hace 20 años a esta generosa ciudad, como se dice, con una mano adelante y con la otra jalando a mi pequeño y huérfano hijo de casi tres añitos de edad, la casa de la familia Aréstegui Quispe se convirtió entre 1990 y 1998 en casa y patio de recreo de ese chiquitín conocido cariñosamente como “DAVO”, a quien querían y atendían como a un hijo: mamá Lidia, Javier, Yolanda, “Lucho”, Pablo y Julio. Ese gesto de la familia Aréstegui Quispe, al igual que el de la otra “mamá coraje”: mamá “Chela”, Graciela Estrada Reyes, y la de mi compadre: el docente universitario Uriel Salcedo Acuña, constituyen recuerdos imperecederos y difíciles de pagar, por quien habla, por mi querido “DAVO” que ahora cuenta con 24 años de edad y que no pudo viaj

ar desde Ica por problemas de fuerza mayor y también recuerdos imperecederos para mi esposa Águida aquí presente. Aprovechamos esta oportunidad, para agradecerte Julio por el “llamado desde el más allá” que nos hiciste a Águida y a quien habla para levantar tu cadáver, tarea que la realizamos junto con los médicos forenses, con tu cuñado Pablo, tu hermano “Lucho” y otros dos vecinos cuyos nombres no recordamos por el triste momento del caso.

Sólo nos resta ahora, elevar nuestras plegarias para que Jesús Nazareno acoja tu alma y reconforte a tus familiares por ese viaje sin retorno.

Antes de verter palabras de consuelo a los miembros de la familia doliente, que estamos seguros resultarían insuficientes, entregamos un réquiem de la pluma del Rvdo. Padre Ignacio Larrañaga, con la intención que su contenido les alcance fortaleza espiritual en estos aciagos momentos:

"Dios nuestro, Señor de la Historia y dueño

del ayer y del mañana, en tus manos estàn

las llaves de la vida y de la muerte.

Sin preguntarnos, lo llevaste contigo

a la Morada Santa, y nosotros cerramos

nuestros ojos, bajamos la frente y

simplemente dijimos: esta bién. Asì sea.

Silencio y paz.

Se acabó el combate. Ya no habrá para él

lágrimas, ni llanto ni sobresaltos.

El sol brillará por siempre sobre su frente,

y una paz intangible asegurará

definitivamente sus fronteras.

Mientras aquí abajo descansan sus despojos

transitorios, duerma su alma inmortal para

siempre en la paz eterna, en tu seno insondable

y amoroso, oh Padre de misericordia.

Silencio y paz".

Hasta pronto Julio, hasta luego querido “Juliazo” te dicen:

Tus amigos “Davo”, Fernando y Águida

NOTA DEL EDITOR:

 Julio Aréstegui Quispe, dilecto amigo de “La Voz” de Huamanga, Diario y radio, dejó de existir el martes 13 de setiembre del 2011. La misa de cuerpo presente fue oficiada el jueves 15 en la Iglesia de San Juan de Dios. Sus exequias se desarrollaron en el cementerio general de la ciudad. Con tres discursos fúnebres se le tributó el último adiós, siendo el último el que reproducimos líneas arriba.

Leave your comments

Post comment as a guest

0

People in this conversation

Load Previous Comments