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No, no es peruano, es argentino; pero el buen periodista como el poeta es universal. Su vida y decálogo que legó a la posteridad es un tesoro, que aquí en Huamanga, no debemos desperdiciar sólo porque algunos colegas pecan de ser arrogantes. Cultivar la modestia como la lealtad a los principios, aquí, por varias razones, es una orden del pueblo, al que  el hombre de prensa  debe servir de todo corazón.

 

Tomamos de Internet este artículo que sustenta la posición de ‘‘La Voz’’ de Huamanga, Diario y Radio:

Federico Mena Saravia en el Día del Periodista rinde homenaje a Tomás Eloy Martínez

La sola mención del nombre de Tomás Eloy Martíneztiene una inmediata y necesaria connotación a una serie de valores que viven y sustentan el imaginario colectivo. Esencialmente es un nombre que es sinónimo de periodismo, de muy buen periodismo.

Porque Eloy Martínez fue un periodista completo, seguramente porque fue un hombre completo, y esto significa haber contado con una formación cultural plena.

Su nombre trascendió más allá de las fronteras literarias de su país con «Santa Evita» (1995), la historia novelada de Eva Duarte. Hombre de palabra y obra, tenía el mundo y la historia en la cabeza y el corazón.

Fue un decano de su profesión, tanto que en Argentina y buena parte de Iberoamérica la sola mención de su nombre -una marca registrada- bastaba para que todo el mundo supiera que se hablaba de él. Con «Santa Evita», la novela argentina más traducida de todos los tiempos, logró tocar el cielo del éxito literario con las manos.

Pero en un día como hoy, por qué recordar a Tomás Eloy Martinez; porque a pesar de sus éxitos literarios, nunca dejó de lado el periodismo. Saltaba del reportaje al artículo con la maestría de un veterano y la agilidad de un muchacho.

Entusiasta, generoso con los jóvenes periodistas y escritores, fue un pilar imprescindible en la fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano que tutela Gabriel García Márquez.

Cultivó las letras y dentro de ellas el periodismo, pero más practicó la virtud de la humildad, Tomás Eloy Martínez no se daba importancia. Siempre encontraba un hueco para recibir a un periodista o dar consejo a un escritor.

Tuvo todas las virtudes que un gran hombre debe contar: generoso, alegre, divertido, culto, fue sobre todo y antes que todo una gran persona.

Dejó escrito un legado de alto valor ético y moral: el «Decálogo del Periodista» que es usado en las redacciones de los diarios más importantes del mundo.

1- El único patrimonio del periodista es su buen nombre. Cada vez que se firma un artículo insuficiente o infiel a la propia conciencia, se pierde parte de ese patrimonio, o todo. Hay que defender ante los editores el tiempo que cada quien necesita para escribir un buen texto y el espacio que necesita dentro de la publicación.

2- Una foto que sirve sólo como ilustración y no añade información alguna no pertenece al periodismo. Las fotos no son un complemento, sino noticias en sí mismas.

3- Hay que trabajar en equipo. Una redacción es un laboratorio en el que todos deben compartir sus hallazgos y sus fracasos.

4- No hay que escribir una sola palabra de la que no se esté seguro, ni dar una sola información de la que no se tenga plena certeza.

5- Hay que trabajar con los archivos siempre a mano, verificando cada dato y estableciendo con claridad el sentido de cada palabra que se escribe.

6- Hay que evitar el riesgo de servir como vehículo de los intereses de grupos políticos, públicos o privados. Un periodista que publica todos los boletines de prensa que le dan o le dictan, debería cambiar de profesión y dedicarse a ser mensajero.

7- Hay que usar siempre un lenguaje claro, conciso y transparente. Por lo general, lo que se dice en diez palabras siempre se puede decir en nueve, o en siete.

8- Encontrar el eje y la cabeza de una noticia no es tarea fácil. Tampoco lo es narrar una noticia.

9- Nunca hay que ponerse a narrar si no se está seguro de que se puede hacer con claridad, eficacia, y pensando en el interés de lector más que en el lucimiento propio.

10- Recordar siempre que el periodismo es, ante todo, un acto de servicio. Es ponerse en el lugar del otro, comprender lo otro. Y, a veces, ser otro.

Somos reacios a decir FELIZ DÍA porque en Huamanga es un cuento chino universal; hicimos la excepción con nuestros colegas porque, en un medio donde el ejercicio periodístico no da ni para el desayuno, es posible con un poco de resignación  y mucho de fraternidad  entre colegas pasar un día sin la presión o urgencia de enfrentar domésticas obligaciones, o burlar la vigilancia de sospechosas grabadoras, cámaras fotográficas, porque los servicios de inteligencia de los dos bandos en pugna como en otras épocas que creíamos superadas, ven en los periodistas y su  libreta de apuntes, opiniones, escritas, radiales, televisivas, poemas, narraciones, canciones y teatro apologías no dirigidas al gobierno imperante, y al menos en su Día el pan no sea seco, el tecito, amargo y el azúcar endulce.

Paqarinkama, hasta mañana martes

BIOGRAFÍA

Tomás Eloy Martínez nació en Tucumán, Argentina, el 16 de julio de 1934. Se graduó como licenciado en Literatura Española y Latinoamericana en la Universidad Nacional de Tucumán y, en 1970, obtuvo una Maestría en Literatura en la Universidad de París VII.

Ejerció como crítico de cine para el diario La Nación entre 1957 y 1961 y fue jefe de redacción del semanario Primera Plana hasta 1969. Entre este año y 1970 fue  corresponsal de la editorial Abril en Europa, con sede en París. Posteriormente fue director del semanario Panorama y dirigió el suplemento cultural del diario La Opinión hasta 1975 en que tuvo que partir al exilio en Caracas, Venezuela, debido a las amenazas de la Triple A.

En Venezuela continuó su labor periodística como editor del Papel Literario del diario El Nacional y fue asesor de la Dirección de ese mismo diario. Eloy Martínez fue fundador de El Diario de Caracas, del que fue director de Redacción.  En 1991, participó en la creación del diario Siglo 21 de Guadalajara, México, que salió durante siete años, hasta diciembre de 1998.

Pudo regresar a Buenos Aires donde continuó con su intensa vida profesional, sus colaboraciones iban desde formar parte de la Cooperativa de Periodistas Independientes que editaba la revista El Porteño hasta la creación del suplemento literario Primer Plano del diario Página/12 de Buenos Aires, que dirigió hasta agosto de 1995.

Desde 1995 hasta 2009 fue profesor distinguido de Rutgers, The State University of New Jersey.

Fue columnista permanente de La Nación de Buenos Aires, El País de Madrid y The New York Times Syndicate.

Recibió títulos de doctor honoris causa de la Universidad John F. Kennedy de Buenos Aires y de la Universidad de Tucumán.

Ha sido fellow del Wilson Center de Washington DC, de la fundación Guggenheim y del Kellogg Institute de la Universidad de Notre Dame, Indiana.

Fue, junto a Horacio Verbitsky, uno de los docentes de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada por su entrañable amigo Gabriel García Márquez.

El 24 de junio de 2009, fue incorporado a la Academia Nacional de Periodismo.

Eloy Martínez de casó tres veces y tuvo siete hijos. Su última pareja fue Gabriela Esquivada, ex periodista de la revista Veintitrés, y escritora.

Tomás Eloy Martínez falleció de un tumor cerebral a causa de un cáncer que sufrió durante años el 31 de enero de 2010 en Buenos Aires.

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