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Es oxigenante y refrescador cerebral recibir leer y difundir las notas de Felipe, que ya no es un ilustre desconocido en Huamanga.

 

 Cada uno de ellos trata temas de permanente vigencia por su impacto social, importancia conductiva y educadora.

Para nuestros lectores «cuadriculados» mentalmente por  los titulares de los grandes diarios de circulación nacional, informativo televisivos de los canales de recepción nacional, emisoras radiales de circulación en todo el país, es un oasis vivificante que por las verdades dichas con claridad o son un chicotazo a su conciencia esclavizada o un salva vida que Felipe da a quienes atentamente lo leen. Mejor, si le obedecen y llevan a la prácticalo que predica.

A propósito de «El valor de la verdad»

Felipe López Mendoza

 Mario Vargas Llosa ha publicado recientemente un extenso ensayo sobre la «Civilización del espectáculo» en la cual estamos inmersos, respirando, escuchando, mirando las alegrías o miserias del mundo, y a menudo las nuestras. Una de las ventanas preferidas por donde observamos pasivamente dicho espectáculo local o mundial, es la sacrosanta ventana televisual.

Este rectángulo multicolor en plasma que nos viene de la China «comunista» y fábrica del mundo, se ha apropiado no sólo de nuestras salas de recibo, sino también de las mentes para formatear cerebros cansados. Una vez que le dejamos entrar e instalarse, en su inmensa mayoría buscará lucrar vendiéndonos productos de todo tipo, incluyendo las miserias del vecino del barrio o de África. Ya lo decía el dueño de uno de los más grandes canales de televisión europeos:

«La base del trabajo de nuestro canal, es de ayudar por ejemplo a Coca-Cola, a vender su producto. Pero, para que un mensaje publicitario sea captado, o recibido por el espectador, es necesario que el cerebro del tele-espectador esté disponible. Nuestras emisiones tienen por vocación de hacerlo disponible: es decir, de divertirlo, de relajarlo y prepararlo entre dos mensajes. Lo que vendemos a Coca-Cola, es el tiempo disponible del cerebro humano». (El subrayado es nuestro)

Entonces la trágica muerte de Ruth Thalía Sayas, primera «protagonista-estrella» de «El valor de la verdad», es infelizmente apenas el epílogo de una historia que fue fabricada, preparada, incluyendo preguntas y respuestas escabrosas, para presentarla a los ojos y cerebros disponibles de la mayoría de televidentes-consumidores.

Programa que hasta el sábado último (cuando ya se sabía de la muerte lamentable), seguía obteniendo la preferencia de los televidentes y el «triunfo» del mejor rating semanal.

Esta predilección de la mayoría de los espectadores por este tipo de programas los convierte en co-autores de un vergonzoso TELEVICIDIO, como lo califica justamente un crítico de televisión.

Hace más de cuatro años compartíamos con los lectores de PAISAJES algunas reflexiones que como vemos, al parecer siguen vigentes.

Infelizmente. Escribíamos: »...

Es innegable el declive generalizado de la lectura de libros, acaso inevitable frente a otras fuentes de conocimiento e información como la TV o Internet. Por ello, en lugar de «obligar» a leer un libro al año, se debería enseñar a «LEER», VER, decorticar, decodificar los soportes electrónicos de lectura. Analizar los nuevos libros y biblias: la televisión y los medios de producción y difusión de la información que son la computadora, Internet, celulares, etc.

En los centros educativos, donde normalmente se enseña a leer, comprender y enfrentar el mundo, ya deberían existir «Cursos de lectura de imágenes y de los nuevos medios de comunicación». Si, de COMUNICACIÓN, de esos intermediarios que pueden servir justamente para «co-mu-ni-car» y dialogar con el otro, con el vecino, con el país de al lado.

Mientras tanto, hay momentos que más bien dan ganas de leer páginas en blanco y mantener siempre las ventanas televisuales apagadas, mudas...»

Alberto Benavides Ganoza, limeño, Profesor principal de la Pontificia Universidad Católica, filósofo, poeta, amante incondicional de la cultura andina y en especial del quechua, transformador del desierto Ulluqaya (Samaca, al sur de Ica colindante a Ocucaje) en un paraíso de algarrobo, tuna, olivo,  pastizales, árboles nativos, flores, protector de huacas y ceramios Nazca encontrados en sus trabajos agrarios, es ejemplarizador.

En ese ambiente él recibe a escritores, poetas, periodistas, historiadores filósofos, quechua hablantes, músicos o intérpretes populares, por los días que deseen brindándoles amistad, alojamiento, alimentación si es que no extrañan radio, televisión, o diarios; no tiene un solo receptor que lo llama cajas idiotizadoras; el agua lo obtiene del sub suelo con energía que le da el paracas (viento costeño), la corriente eléctrica por energía solar.

Como lo dijimos al encabezar esta columna, es oxigenante y refrescador cerebral recibir, leer y difundir las notas de Felipe.

Paqarinkama, hasta mañana jueves

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