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Pese a haber estado muy cerca de Don Fernando Belaunde Terry en mi condición de guarda-espaldas GC, jamás le pedí jamás un favor tampoco le escribí un elogio, sino cuando el pueblo peruano sintió su partida el 04 de junio del 2002, hace 10 años y cuando asumí su defensa a través de una página editorial cuando fue vilipendiado aprovechando que él había pasado a mejor vida. Hoy lo hago a mérito de haberse recordado antes de ayer domingo 07 el centésimo aniversario de su nacimiento.

Desde los primeros días de junio del 2002, la Directora y personal de redactores y locutores de ‘‘La Voz’’ de Huamanga, Diario y Radio, habíamos pedido a Jesús Nazareno y a los Apus, por quienes el guardaba profundo respeto, que le permitiera al Perú tenerlo con vida para que siga siendo él: ejemplo de honestidad, de limpieza y claridad de conciencia, de uñas y frente no sólo para mandatarios, sino, para todos los que por oficio, beneficio o profesión perciben remuneraciones del Estado. Nuestro pedido no fue escuchado. Dios sabía lo que hacía.

Permítaseme, ahora más que nunca, recordar lo que escribimos sobre Don FBT cuando se encontraba hospitalizado en una sala de cuidados intensivos:

Conocí y traté personalmente a don Fernando -o mejor, él me trató- la vez aquella en que, candidato a la presidencia, vino a nuestra ciudad a desarrollar su campaña electoral. Presidía el Comité Departamental de Acción Popular don Fernando Vargas Herrera. Vino acompañado de Violeta Correa Miller, por entonces, su secretaria y luego su esposa y Primera Dama de la Nación.

Por esos años, como era miembro de la Benemérita Guardia Civil del Perú (‘‘El Honor es su Divisa’’) se me confió la tarea de cumplir funciones de guarda-espalda.

En más de 30 años de vida pública entre policía, docente universitario y periodista no conocí a un político más cordial, educado, sencillo, admirador y respetuoso de la cultura andina, afectísimo con la gente humilde.

No. No eran acartonadas poses de politiquero, eran sinceras manifestaciones de su personalidad de estadista enamorado de su Patria y obrero en la tarea de construir un país próspero. Cada vez más su honestidad saltaba a la vista; elegante no por lo costoso o lujoso de su vestido sino por esa finura al andar, al hablar, al opinar inclusive sobre sus detractores.

Arquitecto brillante, de ingresos económicos nada despreciables, no era millonario cuando fue elegido Presidente del Perú, tampoco lo fue cuando dejó Palacio después de dos períodos para habitar un departamento nada lujoso y de clase media alta.

En este aspecto como en otros propios de su condición de Mandatario de la Nación fue Ud. Don Fernando un digno y probo maestro.

¡Siga descansando en paz!

Paqarinkama, hasta mañana miércoles

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