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No nos parece ni original, ni elegante, que las mismas señoras que de campesinas no tienen ni el idioma, ni el vestuario, sean paseadas por las calles y plazas portando pancartas en una lengua que no conocen, no escriben, ni leen.

Y que las mismas madres sean las que desfilen cada vez que haya un motivo para justificar un sueldo o una función un tanto burocrática que se cumple, porque en fin, para eso y nada más están ciertos servidores en algunas oficinas, salvo contadas y honrosas excepciones.

Esperamos que esto no ocurra aquí, como sí ocurrió en muchas ciudades pertenecientes a otras regiones.

Al margen de lo que precisó oportunamente una autoridad competente ("La finalidad del Día Mundial de la Mujer Rural es darle la importancia debida al rol que cumple la mujer del campo en el desarrollo de su pueblo, haciendo que la mujer del medio rural salga de la obscuridad al menos una vez al año, para recordar a la sociedad lo mucho que le debe a esas mujeres y para que sepan valorar y reconocer sus méritos y su valía"), acaso lo más deseable sea que a la mujer del campo se le reconozca en su verdadera dimensión, pagándosele precios justos al fruto de su trabajo en la agricultura, ganadería o talleres de artesanías a las que fugaron.                                 

Paqarinkama, hasta mañana martes

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